sábado, 25 de julio de 2015

Geniy project.



El día que llegué habían pocas personas, ciertamente me sentí algo intimidada por la mirada de esa gente, al ser tan pocos, era imposible pasar desapercibida. Yo creía que aquí la gente era normal, supuse que habrían personas con habilidades extrañas, pero nunca imaginé que fuera posible un poder como el que ellos poseen.
Después de pasar en medio de los mayores, me dijeron que debía juntarme con la gente de mi edad. ¿Qué? ¿acaso esto se divide en edades?. Un anciano me señaló un gran edificio, me dijo que adentro me encontraría con mis nuevos compañeros, que debía tratarlos bien y no hacerlos enojar. Me pareció descortés ese consejo, ¿cuándo he hecho enojar a alguien frente a él? que ni siquiera me conoce, sentí que me tildó de molesta, al parecer no soy suficiente para su comunidad de monstruos.
Cuando entré al edificio, no vi ni un solo adulto, supuse que tendría que inscribirme o algo así, uno no llega y entra a un edificio y se instala donde le da la gana ¿verdad? al menos eso pensé. ''¿Cómo es posible que en un lugar tan grande no haya ni una sola persona medianamente responsable a cargo?''- pensé, pero no me dio mucho tiempo de hacer ninguna queja para mis adentros, pues una avalancha de niños bajó corriendo por la escalera, estaban jugando, eso me pareció en un principio; detrás de ellos corría una chica algo mayor, les gritaba desesperada y me asombró ver que llevaba un látigo, parecía decidida a golpear a los niños con el, entonces pensé que estaba loca, ¿que clase de monstruo le pegaría a un niño?. La chica del látigo bajó jadeante y miró angustiada a su alrededor, fue entonces cuando me vio a mi, su cara cambió y se tornó alegre, soltó el látigo y se dirigió hacia mí. Era algo más pequeña que yo, su cabello era de un color sumamente extraño, de un color castaño que adquiría tonalidades rojas y rubias en ciertas partes, como si se hubiera quemado con el sol, su piel era tan solo un poco más oscura que la mía y sus ojos grises, pareciera que alguna vez fueron negros, era como si se hubieran blanqueado, pues incluso sus pupilas eran de un color gris oscuro, también pude notar que sus labios estaban cuarteados y encendidos. Me dio la impresión de que esa chica estaba ardiendo, pero su sonrisa al verme se veía fresca, como si fuera yo un alivio.
- ¡Hola! - me dijo - ¿eres tu la persona nueva?.
- Si, eso supongo, ¿sabían que vendría?,
- Bueno, yo lo sabía, los demás no.
Al decir esto último, su sonrisa se volvió más amplia, se veía orgullosa por algún motivo.
- Oh, ya veo pero ¿quién eres tú?
Se rió un poco.
- Mi nombre es Lena, yo administro el décimo sexto piso del edificio, es un gusto conocerte.
Al decir esto extendió su mano, yo le tendí la mía dispuesta a darle un suave apretón de manos, pero al parecer eso no es lo que ella quería, pues me jaló con rapidez escaleras arriba, fue tan rápido que a penas alcanzo a recordar el trayecto, el cual fue largo. Recuerdo haber atravesado infinidad de escaleras, pero cuando llegamos  al décimo sexto piso ella comenzó a jadear de nuevo, se detuvo un rato y luego se giró hacia mí de nuevo.
- Iremos a presentarte con los demás.
No me dio tiempo de aprobar su decisión, ella volvió a correr con la misma rapidez con la que me había arrastrado escaleras arriba. El piso 16 era un largo pasillo con muchas puertas a los costados, ver tantas puertas a tal velocidad me mareó tanto que cuando llegamos a donde Lena quería me tambaleé durante unos segundos. Estábamos en el último cuarto del piso, Lena abrió la puerta con toda confianza y me arrastró con ella.
Habían unas 30 personas adentro, calculé a todos unos 15- 19 años, estaban dispersos en todo el cuarto - el cual era bastante amplio - habían varias mesas en las cuales el desorden era más que evidente. Todas las mesas estaban atiborradas de libros, vasos y cajas de juegos de mesa. Algunos jugaban ajedrez, me pareció ver a algunos con barajas. Entonces caí en la cuenta de que no había ni una sola mujer.
Me sentí algo intimidada, no soy muy buena haciendo amigos y me asustan un poco los hombres, pero Lena no me dejó actuar tímida, apenas entramos gritó con mucha fuerza ''¡TENEMOS UNA NUEVA MIEMBRO!''.
Yo, que quería pasar desapercibida, fui inmediatamente rodeada de un montón de ojos curiosos. Se quedaron callados. Entonces, uno de los que jugaban ajedrez le respondió.
-Vaya, así que ahora tienes una amiga, felicidades Lena, nunca pensé que lo lograras- El chico lo dijo sonriendo burlonamente, aparentemente estaba tratando de molestar a Lena.
- ¡Idiota! ¿como que no pensaste que lo logrará? ¡¿por quién me tomas?!.
Lena sacó un nuevo látigo de alguna parte y le dio un buen golpe al chico burlón. Me quedé algo atónita por un momento. El chico se levantó.
- ¡Oye! ¡que era solo una broma!
- Con tu jefa no haces bromas, tarado.
- Solo eres la jefa cuando te conviene.
- Pero lo soy ahora.
- Hmph...
El chico me miró.
- ¿Tu eres?.
- Geniy, vengo por...
- Si, ya sé porque vienes. - interrumpió. - espero que colabores y no seas  tan molesta como Lena.
Lena lo miró con furia y el chico se volvió a sentar.
- Ah, Geniy, fue un error traerte aquí, ya te presentaré a todos luego, por ahora vamos a la habitación.
¿Habitación? ella no me había asignado una habitación nunca, apenas hacía media hora que la había conocido y no me había dado ningún detalle sobre mi nueva forma de vida, peor aún, me llevó a un cuarto para conocer gente y al final salí sin saber el nombre de nadie, tan solo presencié una discusión y salí, esta es una chica muy extraña.
Lena tan solo abrió la puerta que colindaba con el cuarto del cual acabábamos de salir y entró, claro, empujándome hacia adentro primero. El cuarto era todo blanco y me recordó mucho a un hospital, no había nada en las paredes. Era el primer lugar ordenado que había visto en mucho tiempo, pero eso es probablemente porque casi no había nada, en las literas apenas había una sábana y una almohada. Había dos mesas con su silla, cada una con una pequeña lámpara encima.
- Aqui puedes pasar la noche cuando quieras, puedo asegurarte que ningún otro cuarto en este piso se encuentra tan bien cuidado como este.
Guiñó uno de sus extraños ojos y tranquilamente se acostó en la cama de abajo.
- ¿Puedo pasar la noche cuando quiera? ¿acaso no son fijos los cuartos?.
- Nop, no lo son, cualquiera puede estar en el cuarto que desee, de todas formas, nadie está nunca en los cuartos, así que no hay inconveniente, ¿cierto?.
- Eh, un poco... si, si lo hay, esto no es privacidad en absoluto.
- Qué cosas dices, ¿acaso ha entrado alguien o algo así?.
- ... no.
- ¿Entonces cuál es el problema?.
Después de esto me quedé en blanco y no pude responder nada, pues, como ella decía, no había gran problema.
Tan solo subí mi pequeña bolsa de viaje a la litera y me acomodé en ella rápidamente. Lena apagó la luz en ese momento y se durmió al instante, con todo y la ropa extraña con la que me recibió. Yo me cambié la blusa y los jeans por el largo camisón de toda la vida y al igual que Lena, me dormí apenas cerré los ojos, había sido un día agotador.

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